Ganas de permanecer en la cama como antes, como hace tanto...Cuando dormía 12 horas seguidas y me levantaba relajada y descansada. Ahora, el dolor de espalda no me permite mantenerme acostada más de 6 horas seguidas.

Bostezando se separan mis labios como si fuesen a ser besados con pasión descarada. Es un rugido leonino el que brota de mi garganta mientras enderezo la columna vertebral y estiro mis brazos y cuello, desvergonzada, somnolienta y maleducada.

Sábanas calientes. Mantas arrugadas, pieles suaves. Los mirlos hace horas que cantaron y callaron. No puede tener pronto y buen despertar quien disfrutó de una entretenida y diferente noche, para nada toledana.

Ojeras marcadas. Malhumorada resucitada. El cuerpo comienza a pedirme un café bien cargado, largo, con el par de rosquetes tan deseados. Total, ya me cabreé al subirme a la báscula tras salir de la ducha, empapada.

¿Cuándo inventarán la lechuga con sabor a cacao y el chocolate tan calórico como la ligera lechuga?

Mi boca vuelve a bostezar y mis ojos se aguan...No sé si beberme el cálido capuchino o, directamente, lanzármelo a la cara.