Te imagino acariciando sin remedio, ya, mi piel,

entreabriendo estos secretos. Mi deseo es renacer.

Oculto entre las sombras, te asomas a este placer

de saberme, ya, inundada al leer y releer.

Mis dedos, tan juguetones, se disfrazan de tu ser

y se cuelan por mil rincones. Esos que te sabrían a miel.

Me imagino que me posees, con fuerza,

sin media duda, sin conciencia. Sin doblez.

Y de nuevo me humedezco y recorro esta otra piel

que ya brilla y se dilata, al ritmo que yo le dé.

Te imagino y enloquezco de lujuria y de embriaguez,

con mis dedos empapados en la savia del placer.

Te imagino y ya retardo el orgasmo por querer

estallar en mil palabras que te arrastren a creer

que eres tú el elegido, el que debe recorrer

con tu mano sobre el sexo nuevas caricias para mi piel.