Adoro conducir, conducirme y conducirles.

Agarrar el recio volante en un sensual mar de ondulantes caricias.

Dirigirme hacia el lugar exacto. A veces, deseado. En ocasiones, inesperado. Siempre, placentero.

Llevar a otros hasta donde nunca soñaron, dirigirles sin que lo noten, empujarles hacia delante.

Me encanta sentir la brisa sobre mi rostro, despeinando mis dorados cabellos, regando de frescos besos mis poros.

Esa sensación de relax y poder, de paz y velocidad, de soledad y plenitud...¿La conoces? ¿La has vivido? ¿La compartes?

Adoro conducir, conducirme y conducirles.

Hoy, mientras mis cuatro ruedas se nutran de decenas de kilómetros de asfalto, volveré a recordarte entre mis idas y venidas.

Adoro conducir, conducirme y conducirles...¿Acaso los vientos de enero te reconducirán, lector, hasta mis humildes palabras?