Deseo sus manos entrelazando mis dedos.

Deseo su aliento salado encendiendo mi piel.

Deseo sus ojos que me desnudan con sólo mirarme.

Deseo su aroma a tabaco envolviéndome por entero.

Deseo su boca hundida entre mis piernas llenándome de vida.

Deseo su pecho chocando contra mis senos, clavándose en mi alma.

Deseo su respiración agitada, entrecortada, tan ansiosa de mí.

Deseo su silencio roto por mis gemidos, mis susurros, mis súplicas, mis exigencias, mis gritos.

Deseo su sexo duro, erguido, seguro, poderoso y juguetón penetrándome sin dudas, sin calma, sin prisas.

Deseo su deseo moldeándome, humedeciéndome entera, doblegando a mi voluntad.

Deseo esa eterna locura que quedó tan atrás en el tiempo.

Hoy he vuelto a desear a mi mejor amante. Aquel a quien tanto amé. Ese que tanto me quiso. El que siempre permanece en mi mente, en mi corazón, en mi sabor, aunque no sea el amor de mi vida.

Deseo...