Sensual, solitario, íntimo, casi secreto es mi momento del café.

Muy caliente, dulzón, ni oscuro ni claro, grande y casi rebosante es como más me place.

Tomarlo sola, aislada de todo y de todos, paladeándolo, jugando con mi lengua y su sabor...

Sorbo a sorbo, evocando recuerdos, imaginando sueños, escribiendo fantasías, leyendo historias, olvidando tiempos.

Y al final, el mismo ritual de siempre: chupetear la cucharilla queriendo extraerle esa última gota imposible.

¡Es una lástima lo pronto que se me acaba siempre!

Dentro de un par de horas me serviré otro aún más caliente...Creo que escribía sobre café, ¿no?