Tos y fiebre me devuelven a la infancia.

Como por arte de magia, descanso sobre el mullido sofá de entonces. Payasos de rojas narices y gigantescos zapatones preguntan cómo estamos todos los que les espiamos desde el otro lado de la caja tonta...Malita, les contestaría.

Me sueno otra vez.

Echo de menos aquel zumo de naranja recién exprimido que ella me servía, amorosa, en el grueso vaso de cristal, hoy hecho añicos.

Mis músculos parecen tener vida propia. Dolientes parecen gritarme que me regrese a la cama, junto a él. Me gustaría poder dormirme y despertar en aquel mullido sofá de mi ya lejana infancia.

¡La echo tanto de menos cuando me pongo malita!